“Yo viví en la calle por causa de los vicios”



“Mi sufrimiento empezó en la infancia, fui violada por un tío y no encontré apoyo ni consuelo en mi mamá. Eso me afectó de muchas maneras, entré en depresión y llegué a ser alcohólica y adicta a las drogas, a la pasta base y la falopa, llegué a probar todo tipo de drogas y estuve 18 años de mi vida en este vicio.

Llegué a tener una ruca en la calle, traíamos los colchones que la gente botaba y cerrábamos con cartones, a veces pasaba mi abuelita y me veía mal, drogada, ella sufría al verme así. Cuando mis hijas estaban en el colegio yo iba a la casa a bañarme y salía de nuevo a drogarme. Siempre cuidé que ellas no me vieran en ese estado y ellas siempre estuvieron en la casa, bien cuidadas.

Estando así en la calle pasé por muchas penurias y tristezas.

Un día, estando drogada me apuñalaron y las personas que andaban conmigo me dejaron ahí votada y sola.

En otra ocasión me dispararon en un pie, la bala entró y salió.

Tomé ácido muriático, estábamos tomando un “chimbombo” y alguien me cambió la botella por otra que tenía el ácido muriático, me llevaron al hospital, me quemé todo el esófago y allá quedé sola ni mi mamá fue a verme al hospital. Allá la depresión aumentó y el sentimiento de soledad también.

Conocí la Iglesia Universal por la invitación de mi prima y mi primo, incluso mi prima me acompañó la primera reunión que vine y desde que entré a la iglesia no consumo más droga. Cuando llegué me atendió un pastor, me escuchó, me entregó una palabra de Dios y me ungió. Así salió todo lo malo de mi cuerpo.

Yo era alcohólica y drogadicta, pero el poder de Dios me liberó de esa vida y me transformó dándome una nueva vida.

Llevo tres años participando en la Universal y ahora duermo bien, dejé de vivir en la calle, vencí todos los vicios, puedo estar al lado de alguien drogándose y siento rechazo al vicio.

Estoy junto a mis hijas, soy una mujer trabajadora y tengo una situación buena, en el sentido de que tenemos todo lo que necesitamos con mis hijas y soy feliz.

Le recomiendo a todos que se acerquen a la Iglesia Universal porque allá cambiarán de vida a través de su fe. Así como yo, que estuve 18 años en las drogas y vean como estoy de bendecida. La iglesia Universal es para mí es como mi casa, porque acá conocí a Dios y hoy no necesito vivir en la calle”. Edith González