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Yo vencí


Contraje matrimonio a la temprana edad de 14 años, pero la madre de mi pareja no aceptaba nuestra relación, tan pronto como nos conocimos y decidimos vivir juntos para formar nuestro hogar, desde ese momento su madre ya no me aceptaba. Aún a pesar del rechazo de mi suegra, comenzamos a vivir juntos para darnos cuenta que quizás habíamos tomado una decisión para la cual ellos no estábamos preparados.

La relación comenzó a degradarse a través del tiempo, el rechazo se había vuelto rutina, puesto que durante 14 años de matrimonio siempre me había sentido rechazada, mi marido no me aceptaba. Juana Vivía siendo una mujer infeliz.

El tiempo transcurría y sólo veía a mi esposo cruzar la puerta y desaparecer por largos períodos de tiempo, supuestamente a trabajar, sólo llegaba al hogar para descargar maltratos físicos verbales, no solo contra mí, sino también contra nuestras hijas. En diferentes ocasiones buscaba la forma de sacar a mis hijas del hogar mientras mi esposo estuviera en casa, de esta manera evadía que ellas fueran violentadas.

Tomé el valor que necesitaba y decidí emigrar, huyendo del yugo bajo el que vivía.

Traté de comenzar de nuevo en un nuevo país, esta vez con una nueva pareja, pensando que habría un cambio en mi vida, pero mi infortunio fue tal, al ver que con mi nueva pareja seguiría en lo mismo. Al principio parecía ser un buen hombre, pero luego descubrí que me había sido infiel.

Las desdichas en el amor me mantenían bajo insomnio y ataques de pánico, me sentía tan derrotada que sólo pensaba en quitármela para acabar con todo el sufrimiento.

Mi nieta me hizo la invitación para conocer la Iglesia Universal y gracias a mi participación y la práctica de la palabra de Dios pude recobrar el sueño, ahora no solo duermo por las noches sino que he logrado expulsar todos esos sentimientos y deseos de quitarme la vida. ¡Todo cambio! Hoy tengo una vida bendecida.

Juana Mendoza.

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