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"Odiaba a todos sin que me hubieran hecho ningún mal"

Desde la infancia yo sufrí, tenía miedo y desconfianza de todos.

Cuando alguien estaba cerca, yo descargaba mi rabia en esa persona. Odiaba a todos sin que me hubieran hecho ningún mal, les deseaba el mal, como si mis problemas fueran su culpa.

Mi mamá participaba en la Iglesia Universal, pero yo no aceptaba sus invitaciones. Un día ella me pidió que le fuera a dejar algo que había olvidado a la iglesia y yo fui reclamando, pero cuando llegué alguien me atendió y vi una luz. Yo no sabía quién era Dios, ni siquiera cerré los ojos al orar, pero vi a ese hombre hablar con Dios, él transmitía paz y ese día yo deseé tener lo que ellos tenían.

Comencé a buscar, pues me explicaron que eso tan diferente era el Espíritu Santo. Fui obediente y puedo decir que al recibir el Espíritu Santo pasas a ver a otros con amor. Y nunca más me frustré, al contrario, aprendí a buscar las bendiciones de Dios y hoy tengo una vida bendecida, pero no dependo de eso para ser feliz, sino de Dios, Él cambió mi vida en cada aspecto y Su Palabra es todo para mí.

Andrea


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