Terapia del Amor: El amor y la familia se pueden restaurar.



Mi papá era alcohólico y muchas veces estando alcoholizado golpeaba a mi mamá. Un día bebió tanto que agredió a mi mamá y ella se desmayó. Yo me indigné tomé un cuchillo de la cocina e intenté defenderla y él me apuñaló.

Mi familia se destruyó, mis padres se separaron y llegamos a sacar de la basura para comer. Mi mamá no tenía trabajo, así que, comenzó a traficar. Un día me desperté con mi casa siendo invadida por la policía, al salir, siguió con esa vida y decidí que me iba a matar. Fue mi primer intento de suicidio, tomé 86 cápsulas de amoxicilina, me acosté y esperé la muerte, pero la muerte no llegó.

Muchas veces, no tenía control sobre mi cuerpo y era invadido por el odio, quise matar a mi mamá. Pero, ella ya había empezado a buscar la ayuda de Dios en la Universal.

Ella no me hizo nada malo, al contrario luchaba por mí, me compraba ropa y la consagraba en la iglesia, luego, me la daba de regalo, siempre oraba por mi.

Y un día, intenté nuevamente el suicido, recuerdo hasta hoy la dificultad que fue llevar el cuchillo al corazón y perdí el control de mi mano, entró el cuchillo. El dolor estaba ahí, pero el vacío adentro era más grande que el dolor. Tuve alucinaciones, sentí demonios. Tuve un paro cardíaco.

La prima de mi mujer trabajaba en un hospital y rápidamente me llevó al hospital. El doctor dijo que había muerto. Mi mamá fue hasta la iglesia y en el Altar le dijo a Dios que no aceptaba perderme.

Y ese día, Dios me trajo de regreso, la primera reacción del doctor fue ponerse de rodillas y dijo: "Alabado sea Dios".

No hubo una explicación, pasaron unas horas y salí caminando por la puerta del hospital.

Ese día decidí buscar ayuda. En la iglesia pastor oró por mí y me aconsejó no despreciar lo que mi madre hizo en el Altar.

Decidí luchar para recibir el Espíritu Santo y cuando Lo recibí la felicidad que Él me da es increíble.

Hoy mi madre está orgullosa de mí.

Tengo mi propia familia y soy un buen padre, responsable, cuido de mi mujer y mi hija. Pero esa felicidad sólo es posible con la ayuda de Dios.

Anderson Pablo