Participando sané de los traumas que me impedían ser feliz


Cuando era niña, a causa del trabajo, mi mamá nos dejaba, a mis hermanos y a mi, al cuido de vecinos o amistades confiando que estaríamos en buenas manos. Sin embargo, no fue así ya que, infelizmente, fui víctima de abuso.

Esta situación provocó que creciera con varios traumas que no me dejaban ser feliz. A causa de todo lo que me había pasado, fui una niña aislada de todos porque prefería estar sola, porque pensaba que iba a ser víctima nuevamente de abuso. De esta manera me aislé de todos incluyendo de todos los parientes que eran hombres.

En medio de esta situación traumática, mi mamá me invitó a participar de las reuniones en la Universal. Ahí fue donde aprendí cómo vencer todos los traumas y a cómo curar las heridas internas. Nació en mí las fuerzas para luchar por un cambio de vida.

Aprendí a usar mi fe para poder alcanzar la felicidad y la paz que tanto estaba anhelando.

Gracias a Dios, logré vencer todos los traumas de mi infancia, el miedo a convivir con otras personas y a perdonar a todos los que me hirieron a través del abuso que sufrí.

Hoy mi vida está transformada porque encontré todo lo que siempre estuve buscando, la paz interior y la verdadera felicidad.

El tiempo pasó y no solamente recibí el Espíritu Santo, el cual me ha dado la fuerza para continuar viviendo, sino que logré casarme con un hombre de Dios que me ama y respeta. En la Universal no solamente conquisté realizarme como mujer, sino que logré dejar atrás una vida llena de tristeza y desgracias. Sabrina