“para tener una nueva vida, tenía que dejar atrás la vida vieja”

Durante mi infancia sufrí en varias ocasiones de abusos, me sentía culpable.

Eso arruinó mi infancia. Crecí y tenía miedo de establecer una relación con alguien por causa de los traumas que tenía, todo el sufrimiento que sufrí de niña, me transformó en una persona desconfiada. Para mi familia yo estaba bien, pero por dentro ocultaba complejos, angustia y deseos de morir. Fuera de eso, tenía insomnio.

Fue en esa situación que llegué a la Iglesia Universal y coloqué en práctica todo lo que me orientaban. Empecé a cambiar mi forma de pensar, primero entendí que para tener una nueva vida, tenía que dejar atrás la vida vieja. Busqué mi liberación y fui libre de todos los traumas de mi infancia. Pude dormir tranquilamente por las noches y la depresión se fue. Pero, aún faltaba algo, aún sentía el vacío. Entonces comencé a buscar el Espíritu de Dios, quería que Él estuviera siempre conmigo. Y un día, en una búsqueda, recibí el Espíritu Santo, Él me dio vida y paz.

Hoy soy una joven transformada, sin traumas, ni tristezas. Puedo decir que hoy conozco la verdadera felicidad.


Amanda Gómez