Mis sueños se perdieron


Emigré de país, con el sueño de prosperar para poder comprar un terreno en mi país, pero todos mis sueños se perdieron por causa de los vicios. Me volví esclavo del alcohol, las drogas y el cigarrillo. El tiempo pasó, conocí a mi esposa y un poco después, nos casamos. Pensé que las cosas cambiarían en mi vida, pero no fue de esa manera. Terminé siéndole infiel a mi esposa.

Prefería estar con mis amigos, vivir una vida de soltería y sin límites que estar con mi esposa. Este estilo de vida me llevó a sufrir un accidente y consecuentemente, no pude regresar a trabajar. Esto empeoró la situación en mi vida y económicamente, los problemas empeoraron. Viendo la situación, reconocí que necesitaba de ayuda.

En medio de esa situación, fui invitado a la Iglesia Universal. Participando en las reuniones de fe, aprendí que necesitaba entregar mi vida a Dios para cambiar el rumbo. Tomé la decisión de entregarle mi corazón y abandonar la vida que estaba viviendo. Gracias a Dios, fui libre de los vicios, soy un hombre fiel y mi matrimonio fue restaurado. En relación de mi economía, logré salir de la crisis que estaba viviendo y las puertas fueron abriéndose.

Hoy tengo mi propio negocio que es un restaurante y puedo dar empleo a algunas personas. Incluso, en medio de esta pandemia, el restaurante ha prosperado de gran manera. Dios transformó mi vida de forma milagrosa y hoy soy un hombre feliz, con una familia de ensueño, bendecido y próspero.

Javier Martínez.