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"Mi matrimonio estaba destruido, había violencia física y psicológica"


Laura llegó a la Iglesia Universal con diversos problemas. Sufría de depresión, tenía problemas económicos y familiares. Según relata, su vida era “un sufrimiento”. Ella recuerda: “Mi matrimonio estaba destruido, había violencia física y psicológica. Mis hijos vivían en medio de discusiones. No podíamos tener una cena en paz”. Pero eso no era todo. También tenía problemas económicos. “Eso producía más peleas. En ese entonces, tuve tres intentos de suicidio, sentía que mi vida no valía, no creía en mí misma. Me cortaba, tenía ataques de nervios y fumaba mucho”, señala. Luego, Laura se separó. “Pensaba que esa iba a ser la salida, que iba a haber un cambio en mí”, recuerda y agrega: “Al tiempo, formé pareja con otra persona y los problemas seguían. Busqué ayuda, hice terapia, pero no funcionaba, no había un cambio.


Mi matrimonio se volvió a destruir, teníamos peleas, agresiones físicas y no teníamos paz”.Hasta que llegó el día en el que Laura y su familia conocieron la Iglesia Universal. “Empezamos a luchar por nuestro matrimonio y, de a poco, Dios fue haciendo todo. Empezamos a tener paz, cesaron las discusiones, podíamos tener una cena o un almuerzo en tranquilidad y sin gritarnos. Conseguimos tener diálogo, que era algo que habíamos perdido”, resalta. Laura recuerda que recibió el Espíritu Santo y, entonces, ocurrió definitivamente la transformación. Ella asegura: “Cambió mi carácter y mi interior.


Tenía esa voz dentro mío que me guiaba en cada decisión y en cada paso”. “Recomiendo a las personas que participen con fe, creyendo, que perseveren porque la solución, a veces, no ocurre en un día. Hay que vencer los miedos, creer y buscar la respuesta. Nosotros la encontramos”, concluyen Laura y su esposo.

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