Me sentía condenada al fracaso



Pensaba que nunca me casaría o tendría hijos.

Sentía que mi vida estaba destrozada y condenada al fracaso, de joven vivía los días sumergida en la angustia y pensando que nunca me casaría o tendría hijos. Todos estos traumas fueron ocasionados siendo una niña, cuando sufrí un terrible abuso por parte de uno de mis familiares.

Mi padre era una persona violenta, no razonaba las consecuencias cada vez que agredía tanto física como psicológicamente a mi madre. Mis frustraciones se convirtieron en odio hacia su familia. Incluso, mi madre, era una mujer fría que nunca me brindó el cariño que tanto anhelaba recibir por parte de ella.

Incluso, ya adulta era incapaz de borrar esa sombra de infelicidad que me perseguía a todos lados.

Mi matrimonio pasaba por momentos muy difíciles donde las mentiras y las peleas eran rutina hasta el punto de separarnos.

Un día, recibí una invitación para ir a una reunión en la Iglesia Universal, me invitó una persona que participando ya había sido bendecida.

Motivada por el relato de fe, me acerqué y desde el primer momento que entré, recibí paz en mi corazón y eso me llenó de esperanza.

A través de mi perseverancia y realizando las oraciones de fe pude recibir el Espíritu Santo y es todo para mí, mi mayor tesoro en esta vida. Gracias a Él vencí los traumas y dolores del pasado y soy una persona llena de vida y de alegría porque tengo a Dios.

Blanca Mereles.