El fallecimiento de mi hija me había marchitado.


A causa del fallecimiento de mi hija con tan solo 11 y años sin razones aparentes, pasé años de angustia, tristeza y sufrimiento lo que terminaron deteriorando no solo mi salud mental sino también mi salud física. Mi vida se había marchitado y vivía bajo la sombra de la depresión, sin salida solo veía como mi situación se agravaba día tras día. Tenía el vicio de cigarro, fumaba mucho y toma bebidas alcohólicas. Empecé a asistir los días viernes a la Iglesia Universal y pude aprender a sanar mi alma a través de la palabra de Dios de donde aprendí a no mirar hacia atrás, hoy en día llevo una vida llena de certezas gracias a que el Espíritu Santos invadió mi ser y arrancó todo el odio dentro de mi para sustituirlo por amor. Hoy tengo paz y alegría. Gracias a Dios volví a vivir