Caí en un cuadro depresivo


Mi nombre es Katalia, tengo 40 años. Tuve una adolescencia feliz, el matrimonio de mis padres siempre fue un matrimonio que se respetó que tuvo siempre compañerismo, era una familia que nunca hubo discusiones, nunca hubo peleas y eso yo también lo quería para mi matrimonio.

A los 20 años conocí a mi esposo, estuvimos un año de novios y yo quedé embarazada de mi hija mayor. Con 21 años me casé y al año quedé embarazada de mi otra hija.

Mi esposo es músico y a raíz de eso pasábamos muchas dificultades.

Nos fuimos a vivir en el fondo de la casa de mi suegra, en una pieza los cuatro.

Mi esposo se iba los fines de semana a tocar a los bailes. Muchas veces él volvía al otro día y yo había estado toda la noche en el hospital con mis hijas porque la mayor sufría de un problema en los intestinos y la menor tenía problemas de bronquitis, sufría de alergias.

Yo estaba casada pero era como si estuviera sola porque no contaba con él.

Eso originó muchos problemas, llegamos a la separación.

Decidí irme para la casa de mis padres con mis hijas porque ya no aguantaba más esa situación. A la semana él fue a la casa de mis padres a buscarme y volvimos. Ahí seguimos luchando y llegó la invitación de mi hermana que vio el sufrimiento que yo estaba pasando. Yo no me entregué por completo, estuve 10 años dentro de la iglesia solo escuchaba

la palabra, pero mi entrega no era 100% para Dios.

Yo colocaba a mi hija que tiene un retraso en primer lugar y yo no entendía que tenía que colocar en primer lugar a Dios, por eso, seguía en ese sufrimiento.

Una de las obreras empezó a conversar conmigo y me dijo que yo lo necesitaba era conocer a Dios.

Entregar en primer lugar mi vida y la vida de mi hija para que Dios pudiera hacer la obra dentro de mí.

Yo tenía que buscar el Espíritu Santo que me iba a llenar ese vacío que yo sentía. Él iba

a sacar esa tristeza.

Cuando yo hice esa decisión todo cambió.

La tristeza se fue, la transformación de adentro para afuera.

Uno de los mayores problemas que teníamos de nuestro matrimonio, a raíz de que él se iba. Hubo traición de parte de él, pero después que hubo ese cambio dentro de mí empezamos a luchar.

Hoy mi esposo está en la iglesia y nuestro matrimonio fue totalmente restaurado.

Pasamos por luchas por dificultades pero siempre con la fuerza de que Dios está conmigo y yo tengo esa alegría infinita de haber conocido el Espíritu Santo. Es el mayor tesoro que yo tengo y recomiendo a todas aquellas personas que se acerquen para buscar a Dios.