"Ambos trabajábamos, pero el dinero no nos alcanzaba para nada"

Mi papá falleció cuando yo era niña, eso desencadenó una depresión en mí, porque él era mi único apoyo, era mi amigo. Para ahogar mi dolor, me involucré en los vicios a muy temprana edad y siempre quería estar sola.

Pasaron los años, conocí al que hoy es mi esposo y nos casamos. Pensé que sería feliz, pero fue todo lo contrario. Discutíamos todos los días, no nos entendíamos y pensamos que al tener un hijo nuestros problemas terminarían. Fue así que nació nuestra primera hija, pero las discusiones no disminuyeron y mi depresión no se iba. Fuera de todos esos problemas, estábamos pasando un mal momento económico, ambos trabajábamos pero el dinero no nos alcanzaba para nada, apenas recibíamos el sueldo, se iba pagando cuentas.


Fue así que junto a mi esposo llegamos a la Iglesia Universal, a partir del primer día que participamos vimos que sucedió un milagro, por primera vez en mucho tiempo, pudimos hablar de forma tranquila con mi esposo, no discutimos. Eso hizo que quisiéramos seguir participando de las reuniones. Buscamos nuestra liberación y luego empezamos a buscar el Espíritu Santo.

Dios transformó nuestras vidas, fui libre de los vicios y de la depresión que traía por años, las discusiones en nuestro matrimonio ya no existen. En nuestra familia existe amor y paz. Nuestra vida económica también fue transformada, tenemos nuestra casa propia, autos, podemos pasear donde y cuando queramos. Pero la mayor riqueza que recibimos, fue haber sido bautizados con el Espíritu Santo.

Eduarda.