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ÉL ME ABANDONÓ Y ME PIDIÓ EL DIVORCIO


 

El matrimonio de Josy Gomes y Daniel Miranda. Por un tiempo, según Josy cuenta, ellos vivieron felices, hasta que todo cambió: “Daniel era un esposo amoroso, atento y un amigo, pero, después de tres años de casados, él pasó a dedicarse totalmente al trabajo, pues se preocupaba por el crecimiento económico. Los pocos días que teníamos para salir, él prefería salir con los amigos, me dejaba sola en casa y eso causaba muchos conflictos entres nosotros. A parte de eso, él se relajó en la fe, no iba mas a la Iglesia y se envolvió con malas compañías.” Josy dice que no existía mas diálogo ni respeto entre ellos y que, las peleas se volvieron frecuentes. Daniel se recuerda sobre en quien él se había convertido:

“Yo perdí la visión espiritual y comencé a encontrar que las cosas que los Pastores decían no era verdad. Entonces, abandoné el casamiento, me envolví con amantes, porque quería sacar la imagen de hombre de Dios que yo tenía. Acabé volviéndome un hombre sin palabra y sin carácter. Yo me involucraba con mujeres casadas y con transacciones ilícitas”. En esa fase, ocurrieron muchas separaciones y reconciliaciones entre ellos. Hasta que ella se embarazó y la situación empeoró. “Un día, él reconoció que me había engañado con otra

persona, tomó toda su ropa, y fue a vivir con sus amigos. Él habló que no me amaba y que quería el divorcio. Mi casamiento había fracasado, a pesar de ir a la Iglesia. Yo cargaba la vergüenza de haber sido abandonada embarazada y no soportaba la idea de ser madre soltera”, revela.


Mientras tanto, Daniel llegaba al fondo del pozo, como relata: “Acabé perdiendo casa y trabajo, quedé endeudado y deseaba morir, hasta que intentaron matarme. Fue cuando me di cuenta de como estaba, ¿Y si yo muriera en estas condiciones?” En medio de esa situación, Josy iba para la Universal y al oír la voz de Dios, ella cambió su pensamiento, como detalla: “Cuando pensé que estaba todo acabado, entendí que un Milagro transformaría no solo mi casamiento, sino también nuestro interior. Entonces, me entregué como nunca antes y paré de mirar para la situación y me enfoqué en el Altar”. Ella recuerda: “Pasé a obedecer la dirección del Espíritu Santo y aprendí que no servía orar pidiendo a Dios que trajera a mi esposo de vuelta, sino que lo transformara de adentro para afuera”. Daniel estaba fuera de casa hacia tres meses. Josy no se desanimó con la situación:

“dentro de mi había paz y la certeza de que él volvería para la Presencia de Dios. Estábamos en el trámite del divorcio, pero en el día de la audiencia, él habló que

no quería divorciarse. A partir de ese día, él decidió cambiar”. Daniel abandonó el camino que lo llevaba a la destrucción, se bautizó en las aguas y Josy vio el milagro materializarse. “Veía la transformación aconteciendo paso a paso. Él comenzó a obedecer a Dios y se fue

volviendo una nueva persona, un hombre de Dios y un excelente padre y marido. El Señor Jesús transformó toda nuestra historia y eso que antes era mi vergüenza

se transformó en honra y gloria para el nombre de Él”,

finaliza Josy.

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